RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA. IKEA, Coca-Cola, Visa, McDonalds nos venden desigualdad

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Grupo de manifestantes gais y lesbianas realizan  varias protestas mediante sesiones  de “guerrilla fotográfica” en la tiendas de Ikea en Brooklyn (Nueva York) y Washington DC, por la decisión de la empresa sueca de eliminar una artículo titulado “mis dos mamás”  sobre una pareja de lesbianas británicas que viven en Londres con su hijo de la versión rusa de su revista Ikea Familia Live de diciembre, argumentando que lo hicieron para evitar complicaciones legales.

Entre otros destacados activistas participaron la líder Nina Long,  el fotógrafo ruso Alexander Kargaltsev, quien obtuvo asilo político en los Estados Unidos y utiliza su trabajo para responder a la persecución de los derechos de los homosexuales de su país natal; y el estadounidense nacido en Moscú Joseph Huff-Hannon, coeditor del libro de reciente aparición editado por la periodista rusa Masha Gessen titulado Russian Love Stories. Gay Propaganda (http://orbooks.mybigcommerce.com/gay-propaganda-paperback/ Publication March 20th 2014).
“Una de las condiciones que tenemos de llevar adelante nuestro negocio es que tenemos que cumplir con la ley en los mercados en los que operamos“, señaló la portavoz de Ikea, Ylva Magnusson a The Wall Street Journal. Rusia, donde la empresa sueca cuenta con 14 tiendas, es el quinto país del mundo en cuantía de sus ventas.

Sin embargo, estos argumentos no convencen a los colectivos que organizaron las protestas Spectrum Human Rights, RUSA LGBT and Get Equal que interpelaron a los responsables de la empresa sueca si actuarían del mismo modo en el supuesto de que en un país se aprobasen leyes racistas: ¿también Ikea eliminaría de sus publicaciones a una pareja interracial? O si se persiguiera a un colectivo cualesquiera, judíos por ejemplo, ¿también priorizaría el cumplimiento de disposiciones normativas que atenten contra los derechos humanos para asegurar sus ventas?  “Ikea debe dejar de insultar a sus clientes LGBT en Rusia y en todo el mundo.” Resulta curioso que no demostró miedo a un contragolpe conservador cuando hizo historia en los Estados Unidos con el primer anuncio en televisión en el que mostraba una pareja gay en 1994, a pesar de que hasta recibió hasta la amenaza de colocación de una bomba en una de sus tiendas.


Coca-Cola, McDonalds, Visa y otras empresas patrocinadoras de los Juegos Olímpicos de Sochi han invertido millones en Rusia, lo que les da una influencia económica enorme ante el gobierno de Putin. Todas estas grandes empresas de sectores dispares no pueden seguir creyendo que pueden permanecer callados y pasar desapercibidos. Esto no les funcionará si nosotros –sus clientes– les exigimos que se decanten por defender sus beneficios a cualquier precio o hacerlo velando también por los derechos humanos, y los derechos LGTBI son simplemente derechos humanos. El 5 de febrero miembros de All Out se reuniron frente a las oficinas y tiendas de tales empresas en ciudades de todo el mundo exigiéndoles que se manifiesten contra las leyes homofóbicas y a favor del principio olímpico de la no-discriminación.

No resulta concebible tolerar el doble juego que practican según conveniencia, por ejemplo Ikea, Visa  o Coca-Cola. Por un lado se publicitan orgullosamente como entidades LGBT-friendly, y hacen gala de ofrecer igualdad de trato a sus trabajadores que pertenecen a este colectivo pero lo hacen sólo en los países donde social o legalmente les reporta buena imagen. No ofrecen los mismos beneficios a sus trabajadores LGBT en otros lugares, ni publicitan su marca para las personas LGBT ni se esfuerzan por promover la igualdad en otras partes del mundo. Este tipo de márketing de dos caras es aberrante. Las compañías no pueden apoyar la igualdad cuando es conveniente o rentable sino que deben apoyar a las personas LGBT donde más lo necesitan. O forma parte de su política de responsabilidad social, sin ambigüedad, o les es ajena. En función de que realmente la integren con carácter general o no lo hagan los clientes decidiremos si seguir adquiriendo sus productos o boicotearlos.

No hay que olvidar cómo recientemente Coca-Cola se vio obligada a cancelar una campaña en Sudáfrica tras ser criticada duramente por prohibir la palabra “gay” en sus latas personalizadas. O cómo la campaña de McDonalds #CheersTo Sochi fue saboteada por QueerNation y colectivos de todo el mundo, quienes se apropiaron del hashtag y lo usaron para expresar su decepción a causa del silencio de la compañía ante lo que sucede en Rusia. O cómo Courage Campaign están llamando a la población a cambiarse de Visa a Mastercard, puesto que la compañía se niega a actuar al respecto.

La presión colectiva e individual crece. Porque muchos granos de arena forman una playa.