Heteros o Lesbianas: Cuidadoras, una contradicción en la igualdad de género. Mª Eulalia Díaz Aguado Jalón / Mª Eugenia Pardo Carasa

el .

El término «calidad de vida en el trabajo» incluye otros aspectos tales como autonomía, promoción y formación. Y ahí entra la contradicción en la igualdad de género. Las mujeres cuidadoras. Las mujeres cuidamos vitalmente a los otros (desde su infancia hasta su muerte). Cuidamos su desarrollo, su progreso, su bienestar, su vida y su muerte. Se nos dice que la condición de cuidadoras nos gratifica afectivamente, pero el mundo está gobernado por el dinero, por el poder político, por lo que cobramos profesionalmente o no cobramos en el ámbito familiar. Y esto no es gratificante, es amoral, es una utilización simple y dura de nuestra condición de mujeres. Es una contradicción, una desigualdad y una verdadera injusticia, porque nuestra sensibilidad en los cuidados son explotados por el poder político.

Nos obligan a descuidarnos para cuidar a los demás. Nuestro tiempo, nuestras energías, sirven de inversión y lucro para los recursos cuyos destinatarios no somos nosotras. Como siempre hemos cuidado a otros a la manera tradicional, se inventa en los años 70 el oficio de cuidadoras, con ánimo de lucro. Pero un lucro que desprotege a la mujer, que no permite conciliar su vida personal con la familiar ni laboral, que la desgasta psíquica y físicamente. El resultado son millones de mujeres atrapadas en la relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse. La cultura patriarcal, fomenta en las mujeres la satisfacción del cuidado, convertido en deber histórico, y por tanto en la necesidad social de participar en procesos educativos, laborales y políticos para sobrevivir en esa sociedad capitalista. Pero las mujeres sabemos hoy en día que esto es contradictorio, no es equitativo, no es igualdad y no es conciliación.

El feminismo ha denunciado la explotación de las mujeres a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades, incluido el trabajo asalariado. Sin embargo, el deber de las mujeres de ser cuidadoras, la doble jornada y su resultante doble vida, obliga a esta sociedad a replantearse que deben efectuarse cambios muy profundos en la organización socioeconómica, en la división del trabajo, de los espacios, en el monopolio masculino de dinero, los bienes económicos y en la sociedad y el Estado. Los cambios deben producirse en las mentalidades de las mujeres, para luchar por ellos. No se puede seguir aceptando que la mujer puede con todo. Y si puede, no debe.

Los cuidados son gratificantes si no son una pura explotación para las mujeres. Son gratificantes si mejoran la calidad de vida de las mujeres, liberando su tiempo para su desarrollo personal. De ahí la contribución de las feministas: primero, al visibilizar y valorar el aporte del cuidado de las mujeres al desarrollo y el bienestar de los otros; segundo, con la propuesta del reparto equitativo del cuidado en la comunidad, en particular entre mujeres y hombres, y entre sociedad y Estado. Y, tercero, la resignificación del contenido del cuidado como el conjunto de actividades y el uso de recursos para lograr que la vida de cada persona, de cada mujer, esté basada en la vigencia de sus derechos humanos. Los cuidados son de pleno derecho y así los realizamos, sin ningún tipo de discriminación ni homofobia conductual, afectiva ni cognitiva con los colectivos de gays, lesbianas y/o transexuales.

Debido al envejecimiento de la población en Euskadi, surge la necesidad de atender en su propio domicilio, por  los cambios del modelo familiar, a las personas mayores, y por ello, se recurre a 2 colectivos feminizados:
.- Mujeres que forman parte de unidades familiares desestructuradas (divorciadas, viudas, madres solteras, en definitiva monoparentales)
.- Mujeres, que a consecuencia de la reestructuración laboral, tienen a su cargo, el peso de la familia como tal, debido a que sus cónyuges se encuentran en situación de desempleo y con una edad de difícil acceso al mercado laboral.

Se crea una verdadera desigualdad a todos los niveles, ya que utilizan descaradamente a las mujeres, para efectuar unos cuidados, que sobreentienden son tarea exclusiva de ellas, sin ningún tipo de formación profesional, ni reconocimiento social y mucho menos a nivel laboral. La intervención social se organiza en torno a la noción de “ayuda” con el objeto de mantener y respetar todas las potencialidades de los individuos, es decir su autonomía, permaneciendo en su medio habitual de vida. Si el objetivo básico es incrementar la autonomía personal en el medio habitual de vida, la estructuración de este servicio denota una baja calidad.
No se puede admitir que los concursos públicos donde se prestan servicios sociales en beneficio de la comunidad, con dinero público, se otorguen a empresas privadas, con ánimo de lucro, y además se valore con una importante puntuación, la concesión del servicio de ayuda a domicilio, por  el precio/hora, que generalmente se adjudica a la empresa que oferta a la baja fines de lucro para dichas empresas, a costa del esfuerzo, profesional, precariedad laboral, y pésimas condiciones salariales, de las profesionales que ejecutan el propio servicio de ayuda a domicilio.

No se puede permitir que las auxiliares domiciliarias desarrollen su trabajo en diversos domicilios de los usuarios, no contabilizando el tiempo de desplazamiento como trabajo efectivo, ocasionando que su jornada diaria y semanal supere la cantidad de horas contratadas, porque incumple su derecho a conciliar.

En resumen, el objetivo general de los SAD se debería desarrollar para beneficio de los usuarios, y no para lucrarse ninguna empresa privada, a costa  de las propias trabajadoras que ejecutan el servicio de ayuda a domicilio.

Todos los estudios indican que, debido al aumento del envejecimiento de la población, el coste económico de sus necesidades dentro de los servicios sociales, va a ser difícilmente soportable.
Si no conseguimos cambios conductuales en los usuarios, tendentes a mejorar su calidad de vida, si no fomentamos el desarrollo de hábitos saludables,  si no potenciamos el desarrollo de actividades en la propia casa, si no adecuamos el servicio de ayuda a domicilio,  trabajando en la dirección de prevenir y rehabilitar al usuario en su entorno de vida, aumentaremos el grado de dependencia y su coste económico.

El servicio de ayuda a domicilio, es el pilar fundamental de la ley de dependencia, dentro de los propios servicios sociales, y es su responsabilidad por ser público. La mayor dignificación de las mujeres cuidadoras estriba en una mayor formación profesional, mejores salarios y condiciones laborales. Los beneficios económicos y el bienestar social, deben repartirse equitativamente, sin discriminaciones de ningún tipo.

Mª Eulalia Díaz Aguado Jalón
Mª Eugenia Pardo Carasa
Técnicas en Igualdad de Género y Profesionales del sector de Cuidados, pertenecientes a Asociación ASADE, Auxiliares domiciliarias de Euskadi.
http://asade-asociacionporlaigualdad.blogspot.com.es/