Violencia entre parejas de mujeres lesbianas: la historia incomprendida. Mabel T. López Ortiz, Ph.D.

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Hablar de violencia entre parejas y no reconocer que este fenómeno es un asunto de violación y privación de derechos humanos es relatar historias incompletas.

La discusión de la violencia entre parejas se ha mantenido dentro del contexto del género, por varias razones entre ellas -la más importante- por la alta prevalencia de mujeres que son violentadas y mueren a manos de sus compañeros hombres. En el 2012 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicaba en su página web, que del 17 % al 71 % de las mujeres había sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja en algún momento de su vida, estimando esta situación como un problema de salud pública y violación de derechos humanos que las naciones debían atender. Cuando hablamos de violencia de género nos referimos a una relación heterosexual donde el hombre somete a su pareja mujer a un sistema o patrón de actos violentos en diferentes manifestaciones como: psicológica, sexual, física y económica. Esta conceptualización del problema de la violencia entre parejas deja excluidas otros tipos de relaciones de parejas como lo son las del mismo sexo.

¿Cómo entender que dos mujeres se golpeen en una relación de pareja, si la expectativa social es que la mujer se someta al ciclo de la violencia de un opresor-hombre? A la mirada pública, la interpretación podría ser simplista como una “pelea entre amigas”, “mujeres descontroladas”, entre otras explicaciones cargadas de estereotipos de género. De otro lado la frase de violencia doméstica implica una situación de violencia más allá de la pareja, es la violencia en el contexto familiar que incluye a todas las personas que viven bajo un mismo techo.

Esta trampa social nos ha guiado a invisibilizar y excluir a las parejas del mismo sexo en la discusión de la violencia doméstica, violencia de género, violencia machista…violencia entre parejas. Excluir e invisibilizar a estas parejas es una manifestación opresiva apoyada por las instituciones sociales, que violenta y traiciona el disfrute de los derechos humanos de estas personas.

A pesar de esta situación desde las décadas del 70 y 80 los movimientos feministas comenzaron a denunciar que el problema de la violencia entre parejas no dejaba al margen a hombres gay y mujeres lesbianas. En el 2002 se publicaba un resumen del Informe mundial sobre la violencia y salud por la OMS, y donde se afirmaba que la violencia entre parejas también se manifestaba entre parejas del mismo sexo. A pesar del reconocimiento mundial de este problema, existen naciones que no reconocen la legalidad de las relaciones entre personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero (LGBT), reafirmando las historias incompletas de la violencia entre parejas.

Para entender este fenómeno debemos mirar la violencia entre parejas del mismo sexo, y en específico entre mujeres lesbianas, más allá del género y discutir el contexto o marco social, jurídico, de salud y de derechos humanos que rodea este problema. Varios autores en su interés de investigar este tema, han definido la violencia entre parejas del mismo sexo como un patrón o grupos de acciones violentas y agresivas en el contexto de una relación de intimidad. Se estima que es un asunto de “poder y control”, donde una de las partes ejerce todo tipo de estrategias psico-afectivas para lograr controlar y mantener bajo su superioridad y dominio a la otra parte. Propongo que miremos más allá del género –sin minimizar la función género también como mecanismo histórico de poder- de la identidad u orientación sexual, puedes convertirte en una persona victimaria cuando posees la intención de controlar a tu pareja. Esta interpretación permite comprender que la violencia entre parejas posee carácter intencional de violar la identidad y libertad de una víctima, o sea sus derechos humanos.

El problema de la violencia entre mujeres lesbianas posee elementos interesantes que debemos considerar. La mujer lesbiana es doblemente discriminada e invisibilizada por la historia y el presente por su condición de género e identidad sexual, y por representar un reto y resistencia al marco social conservador del machismo. La poca atención de esta situación inclusive se identifica cuando los primeros estudios desde el activismo LGBT se focaliza en la discusión de la violencia entre parejas de hombres gay. La mujer lesbiana que incurre en actos violentos contra su pareja mujer traiciona el discurso político de la perspectiva de género, y se adhiere al discurso del poder sobre su víctima.  

Desde el marco social los elementos de la lesbofobia, sexismo y discriminación han permitido que no se discuta el problema de la violencia entre parejas de mujeres. Así como tampoco que se creen servicios a estas mujeres tanto víctimas como victimarias. En una investigación realizada por esta autora, encontré que muchas de las mujeres víctimas de violencia no buscaban ayuda por temor al rechazo y falta de reconocimiento sobre la posibilidad de ser víctima de una pareja mujer. Cuando buscaban apoyo,  en la mayoría de los casos de oficiales del orden público, estos presentaban reacciones de incredulidad y mofa con comentarios sexistas. Esta invisibilidad se vincula también al marco jurídico de no reconocimiento al derecho ciudadano de una mujer lesbiana víctima de violencia por otra mujer, quien en muchos países prevalece sin protección. Esta situación lleva a muchas de estas mujeres a permanecer en una relación como víctima y atentando contra su salud y sus derechos.  

La falta de reconocimiento en algunos países como en mi nación Puerto Rico, nos dirige a una interpretación exclusivamente positivista de la realidad, “si no lo veo, no existe”, “si no existe, no requiere atención”. Esta mirada posiciona en una zona de comodidad a los estados y países que implica una violación del derecho a nuestra identidad sexual, es violentar nuestra esencia de seres sexuados. Es poner en la protección de un armario legal con implicaciones en la salud integral para la mujer lesbiana y la diversidad sexual.  

En el marco salubrista o de determinantes de la salud entiendo que la violencia entre parejas de mujeres trae como consecuencias efectos nocivos en la vida de éstas tanto físicos, emocionales y sociales. La lesbofobia social evita la atención del estado tanto desde la prevención como en la intervención.

La negación del derecho a recibir atención desde nuestros estados representa una manifestación de la violencia estructural e institucional que enfrentan muchos países que todavía no asumen el aprecio y reconocimiento civil de la diversidad sexual, y en este caso de las mujeres lesbianas. ¿Cuál debe ser el próximo paso, en busca de denunciar y rechazar la violencia entre parejas? Nos toca a todas las personas reconocer que la violencia entre parejas es un problema complejo y que el desfase de poder entre dos personas nunca resultará en sociedades equitativas y justas por lo que lo debemos prevenir, denunciar y atender en defensa de los derechos de todas y todos.


Mabel T. López Ortiz, Ph.D.
Catedrática e Investigadora
Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, Departamento de Trabajo Social
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