ZUTABE JONIARRA - LA COLUMNA JÓNICA. Transceluloide. Oscar Hernández

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Ateniéndonos al concepto y a la realidad estricta de la transexualidad, no son muchas las películas que hayan tratado este tema en la centenaria historia del cinematógrafo. Sí hemos visto multitud de veces hombres vestidos de mujer y viceversa, incluso hemos visto transformaciones tratadas con seriedad como la de Dustin Hoffman en Tootsie o la de Glen Close haciendo de mayordomo en Albert Nobbs. Pero en ninguna de estas cintas estábamos ante transexuales. En ambos casos la necesidad de trabajo, de supervivencia, lleva a los protagonistas a vivir en la piel del otro sexo. Buena razón para empatizar con el lado opuesto pero no es el tema que nos ocupa.

Es el último cuarto del siglo XX el que empezará a mostrar la realidad transexual con más o menos acierto, con más o menos seriedad; aunque la tendencia ha sido creciente.

El cine español dio un buen ejemplo de ello en Mi querida señorita, de 1972 nada menos, con un López Váquez viviendo su transexualidad con relativa normalidad.

Aunque como en casi todo, la cantidad y la variedad vendrá del otro vlado del océano. El mundo según Garp, en 1982, nos mostraba ya a un antiguo deportista de élite que finalmente se acepta a sí misma y inicia su reasignación física y mental, ya que se convierte en líder del movimiento feminista. Fue éste uno de los primeros filmes en tratar la transexualidad en el cine de Hollywood. Años después, en 2005, disfrutaríamos de Transamérica, con una Felicity Huffman soberbia, nominada al premio Oscar, por interpretar a una mujer transexual que recorre los USA en busca de su hijo. Algo similar (me encantan las road movies) a lo que desde las antípodas y en 1994 nos llegó a bordo de un autobús plateado. Sí, hablo de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto. Donde además de la homosexualidad, la homofobia, el VIH y un padre en busca de su hijo, gozamos de un Terence Stamp interpretando a una mujer transexual madurita que logra encontrar el amor en un rudo mecánico en medio del desierto australiano. Es sin duda una de las películas más importantes en la normalización y visualización del colectivo LGTB.

Un colectivo más minorizado aún y por tanto menos visible, es el de los transexuales masculinos. Y entonces llegó la película Boys don’t cry en 1999, con una Hillary Swank interpretando una durísima y trágica historia real. Una gran actriz, como la Huffman y el Stamp en papeles duros, serios y exigentes.

Pero no todo se hace en América. También otros países han abordado el tema desde ópticas diferentes y los ejemplos, sobre todo en los últimos años, son numerosos. Sin embargo querría limitarme a hablar de un film pequeño, que probablemente pasó desapercibido. Ni siquiera recuerdo si se estrenó comercialmente aquí. Pero gracias a internet, uno puede conocer creaciones que de otra forma quedarían ocultos a los ojos de la mayoría de la gente.

Hablo de Ma vie en rose (“Mi vida en rosa”) de 1997 y dirigida por Alain Berliner. La coproducción franco-belga-británica, con sus pequeños defectos, nos cuenta de historia de Ludovic y su familia, que estrenan casa en un barrio residencial francés al estilo Wisteria Lane de Mujeres desesperadas. Bien, pues en la fiesta de bienvenida al vecindario, Ludovic, de 7 añitos, se presenta en sociedad vestido de princesa. A partir de ahí, los entendidos como juegos y bromas de un niño con mucha imaginación
(que se suele refugiar en ensoñaciones con una especie de Barbie medio hada-medio pija), devienen un problema para su familia que lucha por proteger su imagen ante el barrio, una sociedad superficial e hipócrita, y la familia, en la que los hermanos y la abuela de Ludovic se muestran más abiertos a la realidad de su herman@ que sus padres.

Lo que parecían juegos se verán realidades para todos mientras Ludovic trata de comprender qué le pasa, si es chico o chica, si podrá casarse con su mejor amigo, si la culpa de todo es de una X de los cromosomas que cayó por error en el contenedor de la basura, si desaparecer devolverá la paz y la felicidad a sus padres o si es tan malo vestirse de princesa para parecerse a Pam (la Barbie-hada).

El film, en definitiva nos muestra la transexualidad en sus orígenes, cuando el niño se siente niña por primera vez, y eso lo convierte en gran cine, aunque no sea una gran película.

Óscar Hernández
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