La mirada transgénero de una Venezuela azul y no tan rosa. Dr. Gustavo E Subero

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Azul y no tan rosa, opera prima del cineasta Miguel Ferrari (2012), narra la historia de Diego (Guillermo García) un fotógrafo gay que se ve obligado a recibir a Armando (Ignacio Montes) -su hijo adolescente- a quien no ve desde hace muchos años. Al mismo tiempo, su pareja es apaleada en un brutal ataque homofóbico que lo deja en estado de coma y con la vida colgando de un hilo. Diego tendrá que aprender a reconectarse con su hijo mientras se resigna a perder al amor de su vida. A su lado estarán sus dos fieles amigas: Perla Marina (Carolina Torres) quien es su asistente personal y Delirio del Río (Hilda Abrahamz) una transexual de armas tomar. Estamos ante una película con una vertiente moral bastante clara que busca concientizar al público en relación a la discriminación y la homofobia en la sociedad actual. Aunque la calidad de las actuaciones varía entre los actores principales, es indudable que la interpretación de Abrahamz es impecable, y nos ofrece un personaje no sólo carismático sino también muy elocuente en cuanto a la expresión de su sexualidad y su identidad de género. Desde un principio este personaje ratifica la relación entre el género biológico y los actos corporales, es decir la externalización de la expresión fisionómica de la identidad sexual y de género.

El director hace referencias directas, a través del personaje de Abrahamz, a la noción de la representación del género, ya que desde el principio se establece que ella aunque es una operada transexual, actúa en un show travesti para poder ganar dinero extra. El diálogo entre Diego y Delirios en la siguiente secuencia pone de manifiesto que la identidad transgénero, como ya expresa Ben Sifuentes-Jáuregui “involucra la selección de fragmentos deseados que componen la identidad. Así mismo, el travestismo puede involucrar el elegir objetos deseados con la finalidad de crear un efecto de género”. Delirio le avisa a Diego que estará presentando su show travesti en el club Sixty Nine. Lo que hace más interesante a este personaje es el saber que para ella la identidad es fluida y múltiple y que su cuerpo no tiene que regular de manera tan hermética su representación de género. Por lo tanto la noción de identidad de género, desde el punto de vista del director, se  acerca a los anunciados de Judith Butler que la ve como “una formulación [en la que] el concepto de género [va] más allá del terreno de un modelo sustancial de identidad, hacia uno que requiere una conceptualización de temporalidad social constituida” .Es decir, que ella se puede permitir el entrar y salir de categorías genéricas y sexuales que más le convengan sin necesidad de tener que justificar su propia identidad.

De igual manera apreciamos el histrionismo y la teatralidad que el personaje exuda cuando actúa como travesti, sin entrar en los estereotipos homofóbicos propios de la hetero-normatividad. Por ejemplo, la primera vez que el personaje aparece en el show, Delirio pasa de ser una transexual esbelta y bastante femenina, a una copia más exacerbada con elementos drag de Melissa (una cantante famosa en Venezuela en los 80). El hecho que también se escoja la canción No soy una señora pone más énfasis en la fluidez de la identidad de género como un elemento que no es necesariamente inherente al género biológico, es decir, al cuerpo humano con el que se nace. El personaje de Dolores haciendo su show drag introduce, como bien dice Marjorie Garber la idea de un tercer sexo que “cuestiona los pensamiento binarios e introduce una categoría de crisis -una crisis que tiene como síntoma la sobre estimación y la subestimación del travestismo”. Esta idea se ve reforzada, más adelante en la película, cuando Diego encuentra al chico que él cree responsable de la paliza a su novio. Mientras ellos se pelean Diego saca un revolver y amenaza a Racso (Alexander Da Silva) con el mismo, sin embargo, al ordenarle que se arrodille, Racso le da un puñetazo y el revolver sale por el piso y será detenido por el pie entaconado, en plano de detalle, de Delirios. Ferrari negocia de manera acertada la iconografía fálica símbolo del heterosexualismo y la de la cultura transgénero, ya que el primerísimo plano del tacón con el revolver nos indica en cierta forma esa noción de la constructividad del género donde la identidad se forma en base a la amalgamación de elementos y comportamientos que mejor expresan la idea propia del ser socio-sexual.

No sorprende que para exacerbar aún más esta idea de la identidad de género como artificialidad, en el momento en que la cámara muestra a Delirio, en un plano medio, la vemos exageradamente maquillada, con una gorra de media en la cabeza y llevando solo una corta bata de baño de seda. Que ella amenace a Racso y a sus secuaces con el revolver le confiere poder fálico, sin socavar su femineidad o su identidad transgénero. En este personaje es posible apreciar que la identidad de género no es más que una máscara que pretende satisfacer un cúmulo de asunciones sexuales para marcar y estresar diferencias a nivel social y cultural basadas en la biología. El tener a una transexual que enmascara su propia identidad de género a través de un travestismo para un espectáculo drag corrobora la infinitas posibilidades de la identidad de género cuando es vivida y experimentada por personas que desafían los binarismos básicos estipulados dentro de la heteronormatividad. Esto sale a relucir aún más cuando, una vez de regreso en el camerino de Delirio, ella les pide a todos que salgan para poder terminar de cambiarse para el show. Armando responde que por él que no se preocupe y que se cambie, a lo cual Delirio responde que ella “es una dama” y por lo tanto no aprecia el tener compañía masculina en un momento tan íntimo. De esta manera se demuestra que el personaje de Delirios pone de manifiesto que “el género, al ser instituido por la estilización del cuerpo, deber ser entendido como la manera mundana en que los gestos corporales, los movimientos y las normas de todo tipo, constituyen la ilusión de un yo generizado permanente” (Butler, 1997: 297).

Aunque el personaje de Delirio del Río no ofrece, necesariamente, una mirada inusual o inédita al personaje transexual, Ferrari nos muestra una imagen bastante nueva dentro del cine venezolano con personajes homosexuales y transgénero que no se limitan a los estereotipos de plumas y afeminados. De hecho, hacia el final de la película nos encontramos con dos momentos claves de enunciación de la identidad transgénero del personaje, y que exponen en gran medida los complejos procesos que son abordados por la persona transgénero al embarcarse en esa trayectoria para convertirse en ese ser que sienten por dentro. El primero ocurre cuando al llegar a la milonga en Mérida, ella comienza a coquetear con un hombre que la mira mientras baila un tango con Perla Marina. Al terminar, el hombre se le acerca y los dos terminan hablando fuera del local. Allí él le dice que la reconoce por parecerse mucho a un gran amigo de la infancia. En ese momento ella se da cuenta que él la reconoce por su persona pre-operatoria y decide decirle que su “hermano” había muerto hace muchos años. Al declarar a su identidad masculina como muerta, Delirio logra poner de manifiesto que su persona femenina no es simplemente una ficción sino una realidad dentro de un marco socio-cultural constitutivo. En segundo lugar, el director reivindica la figura del transexual al final de la trama cuando la secuencia final de la película muestra que Delirio se ha convertido en una presentadora de televisión y lleva un chat-show que  en su primera edición decide hablar sobre la diversidad sexual. Aunque con un matiz, tal vez, un poco romantizado, es imposible dudar que Azul y no tan rosa nos muestra una nueva cara dentro de la cinematografía venezolana donde, como ya dice William Foster este tipo de películas “a pesar de las restricciones homofóbicas en la forma de censura oficial, casual y auto-impuesta […]  han logrado en gran medida la destrucción de los códigos de silencio”.


Dr. Gustavo E Subero
Doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos (PhD Latin American Cultural Studies) en la Universidad de Manchester (Reino Unido). Especialista en Estudios Culturales de América Latina y profesor de lengua española y Estudios hispanos de América Latina en diversas universidades en Reino Unido (Regent´s, Leicester, Stirling, Coventry). Sus áreas de investigación principales se centran en el estudio de la sexualidad y el género en América Latina, el Caribe y las comunidades latinas en los EE.UU., y más concretamente la relación entre la corporalidad del cuerpo masculino y la representación y la asunción de género y las identidades sexuales entre hombres latinos y caribeños; así como la forma en que el cuerpo humano se manifiesta en la cultura contemporánea a través de representaciones en el cine y las artes. Entre sus numerosas publicaciones en publicaciones colectivas y revistas especializadas, tales como Nuevos Cines: Revista de Cine Contemporáneo y la Revista de Estudios Latinoamericanos, destacan sus libros: Queer Masculinities in Latin American Cinema: Male Bodies and Narrative Representations. I.B Tauris & Co Ltd. ; Tauris World Cinema Series, London, 2013; y Representation of HIV in Contemporary Hispano-American and Caribbean Culture: cuerpos suiSIDAs, Ashgate Publishing, Farnham (Surrey, UK),2014.