ARTE Y SIDA: Es preciso recordar los orígenes y en qué momento estamos. Pepe Miralles

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Si recurrimos a uno de los capítulos iniciales del libro De amor y rabia, (el primer libro sobre arte y sida escrito en este país), publicado en 1993 por Aliaga y Cortés, podremos obtener datos precisos sobre cómo se estaba “representado” el sida y qué imágenes teníamos de los enfermos por aquella época.

Es innegable que las primera definiciones, las categorizaciones iniciales y el acento puesto en la supuesta orientación sexual de los primeros afectados por la enfermedad, condicionó la construcción ideológica del sida. A pesar de que ya en el 82 se conocían casos de personas infectadas que eran hemofílicos o usuarios de drogas por vía intravenosa, la idea de que esta enfermedad afectaba solo a los homosexuales continuaba expandiéndose por los medios de comunicación.

Desde 1981 hasta 1983 no encontramos imágenes de personas afectadas en los medios de comunicación ni en trabajos artísticos. Las informaciones estaban centradas en cifras y estadísticas.

La ausencia de imágenes de los propios afectados era consecuencia de la escasez de información ponderada, que hizo que se reactivaran temores asociados a las ideas de plaga y castigo divino, que podría llegar a discriminar laboralmente y en todos los ámbitos sociales a quien manifestara públicamente que era portador del VIH.

Esta situación contribuyó a que las personas afectadas no quisieran aparecer en los medios de comunicación: ser visible, por aquel entonces, comportaba ser marginado. Hasta 1985 no aparecen las primeras escenas de enfermos en hospitales, que presentan a los pacientes solos en su habitación, tristes, flacos y abandonados. Es en este contexto “imaginario” en el que aparecen los trabajos de fotógrafos como Rosalind Solomon y Nicholas Nixon. Cuando este último expuso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York su serie Portraists of People (1988), los grupos activistas, y especialmente Act Up reaccionó de manera contundente.

“No más imágenes sin contexto” fue el lema de una serie de folletos que los activistas repartieron en la misma sala de exposiciones. Durante el tiempo que duró la muestra un pequeño grupo de Act Up, escenificó una protesta contra estos retratos: sentados en los bancos de la galería donde se exhibían las fotografías, los activistas mostraban fotografías de personas con VIH con textos que hacían referencia a sus vidas y no a su muerte. “Esta es una fotografía de mi padre cuando llevaba tres años viviendo con el sida”. “Mi amigo David Summers viviendo con sida” decían algunos de los textos. El pequeño grupo hablaba con los visitantes y repartían un folleto en el que denunciaban la representación de personas con sida fuera de sus contextos, que esta representación era consecuencia de las legislaciones vigentes y de la educación referente al sida, que perpetuaba la concepción errónea general que se tenía sobre esta enfermedad, sin dirigirse a las realidades de los que la vivían cada día, que no se habían incluido ni mujeres ni negros en las fotografías, cuando en ese momento en la ciudad de Nueva York la mayoría de los casos se daban entre estos sectores de la población.

Nos podemos preguntar qué cosas han cambiado. Evidentemente muchas, pero no estoy tan seguro que representar la enfermedad a través de la imagen de una persona se haya convertido en algo “cotidano”. Y esta dificultad de la representación naturalizada de los procesos relacionados con la enfermedad sigue estando relacionada con la falta de información que todavía persiste. A pesar de los grandes avances médicos, la “población general” sigue percibiendo el sida bajo un conjunto de prejuicios morales que recuerdan, si no es que son los mismos, los que forjaron los cimientos de la construcción ideológica de esta enfermedad. Por lo tanto el rechazo sigue siendo una amenaza.

Gran parte de estas actitudes siguen siendo consecuencia de nefastos proyectos informativos y publicitarios. Este es uno de los debates en los cuales todos los implicados deberíamos profundizar más. Act Up-París, en sus 15 medidas de urgencia contra el sida, publicadas en 1994, ya decía con respecto a una política real de prevención que las campañas, “Deben destinarse a diferentes categorías sociales, sexuales, étnicas y culturales, y abordar sin tabúes los temas de la sexualidad, el placer, la toxicomanía, la enfermedad y la muerte, y proveer una información completa y explícita sobre los comportamientos preventivos adaptados a cada tipo de práctica”. Sin embargo esto no ha sido así, fundamentalmente en las campañas realizadas por las instituciones públicas.

¿Qué funciones han tenido las prácticas artísticas en la construcción de la imagen social del sida?

En el contexto norteamericano la denominada crisis del sida produjo cambios fundamentales sobre la naturaleza del arte, y sobre el sentido que el artista atribuye a su propio trabajo. Y uno de los papeles más importantes se lo debemos a una serie de prácticas que cobran forma tanto a partir del “mundo real” como del mundo del arte: el activismo cultural, que aparece para evidenciar la incapacidad del sistema artístico para generar una obra que escape de la tradicional esfera del arte, divorciada de la vida real.

Esta práctica artística centró su objetivo en las denominadas políticas de la representación, utilizando recursos basados en la apropiación de imágenes preexistentes, en la intervención temporal (tanto en medios de comunicación como en espacios de uso público), en copiar las técnicas de los medios de comunicación dominantes (utilizando vallas publicitarias, carteles, publicidad en autobuses), estableciendo métodos colaborativos de ejecución, en los que toma una importancia crucial la investigación preliminar y la actividad organizativa de los participantes.

La primera intervención activista sobre el sida en una institución pública fue la instalación Let the Record Show, en el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York en 1987. A partir de entonces Act Up y Gran Fury, en el contexto estadounidense, construyeron una serie de estrategias en las que cuestionaron la gramática cultural establecida y la subversión del consenso acerca del buen comportamiento en el espacio público, con el objetivo de suscitar informaciones distintas, provocar reacciones, invitar a los espectadores a responder y tomar partido y exhibir la violencia a la que se enfrentaban cotidianamente.

El caso español es radicalmente distinto. A los artistas españoles no les ha importado el VIH y el sida. Y mucho menos la posibilidad de organizarse colectivamente. Desde luego salvo excepciones. En los primeros años de la pandemia, estábamos obsesionados con una idea de internacionalización, objetivo que se planteo después de la dictadura, y más adelante con una actitud individualista y volcada en el reconocimiento institucional, que ha centrado los intereses de la comunidad artística española.

Pero sí ha habido exposiciones temáticas (aunque no muchas) y artistas que puntualmente han trabajado sobre la enfermedad involucrados en experiencias personales o condicionados por la necesidad de reflejar el contexto en que se está viviendo. Muy pocos artistas han realizado un trabajo continuado sobre las problemáticas sociales del VIH y del sida en España. Pocos desde una bio-seropositividad pública. Muy pocos desde una seropositividad social. Siempre es importante recordar que Pepe Espaliú fue uno de los pocos artistas que manifestaron públicamente su seropositividad y utilizó el arte para vehiculizar algunas de sus vivencias con y desde la enfermedad. Otros artistas, no incluidos en los circuitos comerciales e institucionales, han realizado trabajos que son totalmente desconocidos en el mundo del arte español. Poco han hecho los artistas españoles por ayudar a construir una imagen social del sida que escape a las fuertes presiones de su construcción ideológica y su negativa percepción social. Las causas de esta indiferencia siguen pendientes de estudio.


Pepe Miralles
www.pepemiralles.com
 Es uno de los pocos artistas que ha trabajado de forma continuada sobre las problemáticas del VIH y del sida con continuidad desde 1993. Fue fundador de Proyecto 1 de Diciembre y junto a María Jesús Talavera formaron Colectivo Local Neutral