TXIPIROIAREN TINTA - LA TINTA DEL TXIPIRÓN. Las películas necesarias

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El pasado año anunciábamos en estas mismas páginas la intención de dedicar cada Magazine que editamos en septiembre a la temática sobre la que versase la película ganadora del premio Sebastiane Latino en la edición anterior del Zinemaldia. En 2014, en su 62 edición, la elegida fue la brasileña Praia do Futuro, dirigida por Karim Ainouz; y de su argumento deriva que, en este número, incluyamos un grupo heterogéneo e interesante de colaboraciones sobre la problemática de la inmigración en relación al colectivo LGTBI.

Por tal entendemos la situación que conduce a una persona o a un grupo de personas de este colectivo a trasladarse desde su territorio de origen a otro, sea dentro o fuera de las fronteras de su propio estado de origen (del campo a la ciudad o de una provincia, región o comarca a otra, por ejemplo); o a escala internacional. En cualquier caso buscando vivir con libertad su orientación sexual o su identidad de género en otro lugar distinto, de modo legal o ilegal, en función de la legislación vigente en el destino elegido y de las propias circunstancias personales.

Hablamos de emigrantes cuando partimos de la referencia del país o territorio de origen, y de inmigrantes cuando la perspectiva a seguir es la del país o territorio de recepción. Como concepto válido para ambos casos se ha generalizado el término de migrante. (Quienes emigran a Europa desde Siria, por seguir una línea temática de candente actualidad, aquí serán inmigrantes sirios). Estas precisiones conceptuales no son baladíes, de ahí el juego de palabras del monográfico que presentamos (inmigrar por amor, huir para amar).

Intencionadamente hemos pretendido incidir en las razones que motivan a personas del colectivo LGTBI a tomar la decisión de emigrar  y, desde otra perspectiva, a evidenciar  las contradicciones legales y en sus prácticas de acogida que muestran los estados que son elegidos como destinos de la inmigración de gais, lesbianas, bisexuales, transexuales o intersexuales, por considerarlos como espacios de seguridad al poseer pretendidas legislaciones no discriminatorias y democráticas, supuestamente más respetuosas con los derechos humanos. Las dificultades y requisitos para ser reconocido como refugiado o refugiada y evitar la devolución al país de origen (obteniendo asilo o protección en el país de destino) son detalladamente descritas en las páginas siguientes.
Nada nos hizo pensar hace un año que esta publicación vería la luz coincidiendo con un verano convulso en el cual las noticias de todos los medios de comunicación han tenido, un día si y al siguiente también, la crisis ocasionada por la ola migratoria hacia la Unión Europea como portada. Una marea humana incontenible procedente de Oriente medio, Asia y África.

Golpea nuestras conciencias la imagen del niño sirio ahogado en las aguas de Turquía; la de las miles de personas agolpadas en la estación de ferrocarril de Budapest o en improvisados campos en Serbia o Macedonia; el recuerdo de las 71 personas que murieron asfixiadas en el interior de un camión frigorífico en territorio austriaco tras ser abandonados por los traficantes de personas; las embarcadas masivamente en enormes transbordadores en las islas de Grecia; las de quienes han pretendido cruzar como fuere, incluso a costa de sus vidas, el Eurotúnel que une Francia y Reino Unido; las pateras llenas de agotados seres humanos que, con suerte, no naufragan en su intento de alcanzar las costas italianas o españolas, llenando de cadáveres el mar mediterráneo…

Y, también lo hacen otras realidades menos escandalosas numéricamente pero tan jodidamente inhumanas como algunas de las que se mencionan en este número. Lesbianas, gais o transexuales que si no hubiera sido merced a la presión social de asociaciones, medios de comunicación y algunas fuerzas políticas, hubieran sido devueltas por las autoridades, sin pestañear siquiera, aunque sus parejas hubieran sido quemadas vivas en sus países de origen o pudieran ser ellas mismas torturadas, condenadas a penas privativas de libertad o a la pena capital. Ellas y ellos tuvieron suerte. Muchos otros casos nunca fueron públicos y sus destinos acabaron trágicamente o se desconocen.

Tal vez, algunos guionistas, directoras, productores, actrices, músicos….al leer estas páginas se vean impulsados a lanzar proyectos cinematográficos donde, desde la ficción, estas realidades encuentren un reflejo en la gran pantalla, y contribuyan a mantener viva la esperanza de promover la generosidad y la humanidad ante quienes huyen por amor, para evitar la muerte o simplemente la miseria.

Óscar Arroyuelo
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