De un lado, la cárcel y la discriminación. de otro, la incompresión. Carlos Sanguino

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Zabi es pakistaní, y sabe muy bien lo que es vivir la discriminación constante (en su país y fuera de él). Hace unos meses conoció a Kostas, su actual pareja, en la marcha del Orgullo en Atenas y comenzaron una relación. Zabi se había marchado de Pakistán unos años antes, y decidió solicitar asilo en Grecia: “En Pakistán la situación es realmente difícil para los gais. Estás en peligro constante, las personas como nosotros no gozamos de reconocimiento, derechos ni protección”.
Sin embargo en Grecia las cosas tampoco son sencillas. En verano de 2014, fueron brutalmente golpeados por un grupo de personas en una plaza de Atenas. ¿Su delito? Ser homosexuales. Aún nadie ha sido condenado por esto.
El ejemplo de Pakistán es una ola en un océano de abusos. Las violaciones de derechos humanos contra personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) tienen escala global, con alrededor de 80 países que penalizan la homosexualidad con castigos físicos o cárcel, y otros diez que contemplan la pena de muerte.

En otros lugares la homosexualidad no está penada legalmente, pero gobernantes, políticos, religiosos y medios de comunicación alientan la violencia contra estas personas con su discurso homofóbico, fomentando un clima de intolerancia y discriminación contra lesbianas, gais, bisexuales, personas transgénero e intersexuales. Algunos cargos políticos en Lituania, Letonia,Bulgaria o Polonia se han manifestado públicamente en términos inequívocamente homófobos o se oponen públicamente a la celebración de actos contra la discriminación y en apoyo a la igualdad de personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero. Un diputado polaco afirmaba públicamente que «si los desviados comienzan a manifestarse, habrá que aporrearlos».

Las terribles situaciones que día tras día tienen que sufrir estas personas permean todos los continentes. Pese a ello, si tuviéramos que elegir un punto donde colocar todas las alarmas, sin duda Amnistía Internacional lo haría en África, donde 36 estados penalizan con dureza la homosexualidad y donde el clima de hostigamiento social y mediático es continuado. Camerún, Nigeria, Uganda o Ghana son ejemplos de países en los que se siguen produciendo detenciones, encarcelamientos y hostigamiento contra activistas LGBTI con regularidad.

En Europa la aceptación social de las personas LGBTI varía dependiendo de los países. La orientación sexual e identidad de género sigue siendo en muchos Estados de Europa del Este y Centroeuropa un tabú social que conlleva rechazo, discriminación y abuso hacia ellas. Estas personas ven frecuentemente vulnerados sus derechos humanos en ámbitos como la educación, el empleo o la salud. En países como Letonia, Lituania, Bulgaria, Croacia, Serbia, Hungría, Moldavia o Rusia es frecuente la vulneración del derecho a la libertad de expresión y reunión de estas personas.

En algunos países de Centroamérica los casos de discriminación y los crímenes de odio contra personas LGBTI siguen produciéndose con una regularidad alarmante, pese a no existir un marco legal que penaliza la homosexualidad. En países como Honduras, Colombia o Jamaica se han producido crímenes de odio y agresiones contra activistas LGBTI que con frecuencia quedan impunes.

La situación es muy grave, y ha hecho reaccionar recientemente a Naciones Unidas, que en los años 2011 y 2015 hizo públicos informes detallando las principales violaciones de derechos humanos de estas personas en todo el mundo. En estos informes se recomienda a los estados que reconozcan que la persecución por la orientación sexual o la identidad de género puede ser un motivo válido para una solicitud de asilo.

En casos como el de Zabi, una de las mayores dificultades aún existiendo una legislación que incluya el supuesto, puede estar en los requisitos que las autoridades plantean al solicitante para demostrar que efectivamente existe persecución por motivos de orientación sexual o identidad de género. En este sentido, Amnistía Internacional señala que la mera existencia de legislación homófoba en un país, aunque esta no se estuviera aplicando, debería ser argumento suficiente para poder solicitar asilo.

Esperamos que los siguientes extractos del Informe Anual 2014/2015 de Amnistía Internacional puedan permitir al lector/a hacerse una idea del escenario de horror y discriminación que sufren diariamente estas personas en sus países y de la escasa respuesta que en ocasiones el resto de estados son capaces de ofrecer.

Carlos Sanguino
Responsable del Área de Diversidad Afectiva-sexual de Amnistía Internacional y anterior responsable de Educación en Derechos Humanos.