No todo el mundo es Jazz. Félix Esteves (Caracas)

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El jazz en referencia al colectivo LGTB parece ser tratado, con frecuencia, como un alérgeno en el contexto de un paisaje musical más dedicado al pop, los éxitos del club y la electrónica. A riesgo de caer en estereotipos, parece obvio que la cultura gay siente más lealtad hacia Lady Gaga que hacia Lady Day (Billie Holiday). Y esto pese a que ésta frecuentaba bares de ambiente casi con la misma regularidad que los clubes de jazz y que se declaró abiertamente bisexual. A menudo da la sensación de que existe una gran división entre los dos mundos. “Esta extremadamente polarizado”, argumenta el saxofonista y clarinetista abiertamente gay y activista, Andrew D’Angelo, responsable de una banda llamada Gay Disco, y autor de algunas composiciones con títulos tan provocativos como Mi próstata.

Sin embargo parecería lógico que hubiese más conexión entre el mundo del jazz y el mundo LGTBI en relación a la sociedad en general. Después de todo, ambas comunidades comparten muchas características como abogar por la libertad colectiva e individual, y luchar constantemente para una mayor aceptación. “Me encuentro mucho más inspirado por las luchas de alguien como Chet Baker o Eric Dolphy que por algunas actrices del Hollywood del glamour”, argumenta el cantante y compositor Theo Bleckmann. “Me pregunto por qué la gente gay no mira hacia personas como ellos más que a alguien como Judy Garland, que ya fue asimilada por el establishment de Hollywood.”

Ciertamente en el jazz, en especial desde los años noventa, figuran destacadas figuras gais y lesbianas, entre ellos el compositor Billy Strayhorn (1915-1967), el pianista Cecil Taylor, el cantante Ian Shaw, el pianista Fred Hersch, el cantante y pianista Andy Bey, el vibrafonista Gary Burton, la cantante Patricia Barber, la actriz y música Lea DeLaria conocida por su comedia musical “Dos Lesbos”, la cantante y batería lesbiana y feminista Allison Miller, el saxofonista Dave Koz, la pianista y cantante Dena DeRose,.…

Por otro lado, también no es menos cierto que se abren brechas y nuevas perspectivas cuando otros afamados exponentes del jazz actual, han comenzado a implicarse políticamente a favor de la igualdad LGTBI sin necesariamente responder a esta su orientación sexual. Tal es el caso del saxofonista Christian Scott quien con su tema The Last Broken Heart, inspirado en el debate sobre el derecho al matrimonio igualitario en California declaraba “¿Qué puede ser más hermoso que la decisión de dos personas de amarse? Parece que para muchos es más aceptable quienes deciden odiarse”. O Sunny Jain, considerado la voz principal en el movimiento creciente de músicos de jazz moderno del sur de Asia, con mezcla de rock y ragas (modos melódicos utilizados en la música clásica de la India) , quien abrió su disco Taboo (2010), con el tema Jack y Jill, sobre una relación entre dos chicos. “El sexo, particularmente la homo y bisexualidad, es tabú en mi cultura [India],” declaraba. “Así que quería abordar ese tipo de problemas, porque rara vez se habla de ellos, pero nos afectan a todos. A través de la música, siento que tengo una plataforma para abordar estos temas y de luchar contra la ignorancia”.

Para Fred Hersch “el mundo del jazz es un microcosmos del mundo real. Hay homofobia, hay racismo, hay sexismo… como existe en el mundo real. El hecho de que la gente haga música no quiere decir que posea más altura en términos de su conciencia social sobre estas cuestiones. Y el hecho de que seas gay no significa que vas a ser más sensible. Conozco músicos homosexuales que están en el armario y que se han convertido en caricaturas del macho inhibido del jazz”. Y añade, “cualquier tipo de actividad con vinculación masculina” -ya sea deportivo o el jazz “nos lleva a una gran cantidad de problemas de los hombres, principalmente en cuestiones relacionadas con la intimidad.” Bajo estas circunstancias, dice, “lo que parece ser la homofobia puede tener sus raíces en la inseguridad, no en el odio. Siempre pensé que era más miedo a la intimidad que homofobia real.”

Al final todo se reduce a la esencia de la libertad personal, dentro y fuera de jazz, en palabras de Dave Koz, “se puede decir algo de valor con la música. No estoy hablando sólo de ser homosexual, se trata de mostrarse en la vida como lo que eres y de ser feliz”.

De la mano del bloguero Félix Estévez, echemos un vistazo a la historia de este estilo musical tan presente en los Festivales veraniegos que se celebran en las ciudades vascas como Getxo, Vitoria o San Sebastián.

JAZZ, JAZZ, JAZZ... los 20: Música y Homosexualidad

Tal vez, y para muchos, la música más importante y significativa de los Estados Unidos de en el siglo XX fue el Jazz. No obstante el jazz había existido ya a finales del siglo XIX, así como los estilos vocales y formas de los “blues”, pero únicamente como una música negroide desconocida por el resto del público de Norteamérica y del mundo. Lo que había sido una música de los negros del Sur destinada exclusivamente para ellos mismos, comenzó a difundirse gracias a las primeras grabaciones fonográficas, realizadas muy esporádicamente a partir de 1917 y luego en números cada vez mayores a partir de 1923; a la Primera Guerra Mundial, donde participaron negros sureños, entre quienes se encontraban músicos de jazz, que terminaron de dispersar por Europa; a las estaciones de radio comerciales (a partir de 1920), y a la movilidad en aumento de los negros del sur, en especial   en dirección hacia las grandes urbes del norte como Chicago, Detroit y Nueva York. 

A principios del siglo XX, una subcultura homosexual afroamericana empezó a tomar forma en el Harlem de Nueva York. A lo largo de la llamada época del Renacimiento de Harlem, más o menos desde 1920 hasta 1935, las lesbianas y los gais negros se reunían entre sí en las esquinas de las calles, socializaban en los cabarés, en los viejos bares y hasta los domingos en las iglesias donde entre góspel y espiritual practicaban para los cantos más profanos nocturnos. A esta población negra de gais y lesbianas, suprimidos y excluidos por ser negros se les unía otro elemento de marginación que era su identidad sexual, por lo tanto crearon un lenguaje, y una compleja estructura social que los separaba de sus congéneres igualmente negros pero heterosexuales.

Tras la entrada de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial  y con el reclutamiento masivo de hombres, aumentaron de manera importante los casos de actos homosexuales, pero al mismo tiempo empezaron los procesos de discriminación y penalización contra la comunidad gay, especialmente si eran negros, judíos o católicos. Un caso importante de persecución gay ocurrió en Newport en 1919 en la base naval del mismo nombre en Rhode Island. Durante las investigaciones se detuvo a varias docenas de civiles y militares.

A finales de 1924 Henry Gerber (1892-1972) funda la Society for Human Rights en Chicago. A pesar de que la organización se presentaba como defensora de las personas con “anomalías mentales”, de hecho, fue la primera organización de defensa de los derechos de los homosexuales de Norteamérica. Esta organización también publicó la primera revista para gais del país Friendship and Freedom desde 1924 hasta 1925, fue un efímero boletín que se hacía el propio Gerber con  su máquina de escribir personal.  El propósito de este boletín era actuar como un foro de discusión entre los hombres gais. El primer ejemplar fue publicado en 1924, y aunque se publicaron tan sólo dos números, esta pequeña y efímera revista fue la primera publicación gay de interés conocido en los Estados Unidos. Tomó su nombre de la traduccción de una publicación gay alemana de 1920, Freundschaft und Freiheit.

En la década de 1920, Estados Unidos era menos progresista en comparación con la Alemania contemporánea, donde muchas organizaciones  de derechos gais florecieron durante este período. Como resultado, el cuarto de Gerber en una pensión fue allanado por la policía de Chicago en julio de 1925, y todo lo relacionado con la publicación del boletín de noticias, incluyendo su máquina de escribir y sus diarios personales, fueron incautados. Gerber fue encarcelado durante tres días y la noticia de su arresto fue publicado en la prensa de la época con los titulares, Strange Sex Cult Exposed. Todas las copias de la publicación y los documentos de la organización  creada por Gerber fueron incautados por la policía y destruidos. Ninguna copia de la revista sobrevive hoy. A pesar de la falta de cualquier copia existente, la existencia de esta publicación ha sido verificada por American LGBT y el historiador Jonathan Ned Katz a través de una fotografía publicada por el sexólogo y defensor de los derechos LGBT-Magnus Hirschfeld en 1927.

La industrialización de finales del siglo XIX y el progreso subsiguiente y el fervor cultural de los años 20 permitieron una mejora continua de las condiciones de vida de la clase media, lo que produjo un profundo cambio en las formas de vida. Los hombres gais se beneficiaron especialmente, puesto que podían abandonar sus familias con facilidad, para formar comunidades de trabajo y de vida con otros hombres. Las mujeres empezaron a cuestionar su papel en la sociedad y muchas de ellas comenzaron a liberarse del yugo masculino, subieron las larguísimas faldas y con ellas el conocimiento sexual de sus propios cuerpos. En Nueva York y en Chicago surgieron edificios destinados a acoger a la nueva mujer independiente que necesitaban las grandes compañías para puestos como secretarias, recepcionistas, periodistas, y esos “nuevos hogares” fueron centros de amor de “mujer contra mujer”.

En la década de 1890, Nueva York ya poseía un distrito gay: el Bowery. Locales como el Columbia Hall, el Manilla Hall, el Little Bucks y el Slide eran puntos de encuentro preferidos de los hombres gais, que debido a su aspecto extravagante y a la moda eran llamados a menudo fairies, es decir, hadas. En el barrio negro de Harlem, también en Nueva York, que desde finales de la Primera Guerra Mundial puede reclamar el título de Capital de la Cultura Negra norteamericana aparecieron en los años de 1920 locales en los que los dos hombres podían bailar agarrados y en los que se hacían bailes de travestidos.

Algunos de estos hombres y mujeres negros eran discretos sobre su identidad sexual, mientras que otros expresaron abiertamente sus sentimientos personales. No obstante esta libertad con que muchas veces se manejaron en la nocturnidad neoyorquina trajo consigo la unidad de la comunidad LGBT negra con la blanca, que se hipnotizó por la cultura negra construida especialmente en Harlem. Los homosexuales negros y blancos crearon amistad, y éstos a su vez se unieron a otros hombres y mujeres gais de orígenes diversos como los judíos e hispanos; esta florida nueva comunidad era tan dispar étnicamente como socialmente, sin embargo los unía esa alianza para el cambio sociocultural progresivo que todos querían. Pero la prosperidad de la década de 1920 fue de corta duración, y la subcultura gay de Harlem declinó rápidamente después de la terrible caída de la bolsa de 1929 y la derogación de la prohibición, pronto se convirtió en una sombra de su yo anterior. Sin embargo, las tradiciones y las instituciones creadas por Harlem de lesbianas y gais en la época del jazz continúan hasta hoy.

Durante esa época, bajo las notas musicales del jazz el llamado Renacimiento de Harlem ofrecía un ambiente liberal y muy abierto, condiciones que se aprovecharon para crear un ambiente gay. Artistas homosexuales y bisexuales como Langston Hughes, Richard Bruce Nugent, Countee Cullen, Ma Rainey, Bessie Smith, Gladys Bentley, Alberta Hunter y Ethel Waters desarrollaron aquí una subcultura floreciente, que no era necesariamente visible desde el exterior.

Por otra parte, los neo “kimbundun” donde se tocaba el más puro jazz temprano era propicio para desatar las pasiones afectivas-sexuales de los hombres y mujeres afroamericanos que vivían bajo la contención blanca puritana. Estos quilombos jazzísticos, fueron cuna de pasiones tanto heterosexuales como homoeróticas y lésbicas de esta población negra; y el arrullo alegre del jazz como la melancolía de los blues fueron el fondo ideal para despertar y desatar el divino monstruo del amor.

Se mantuvo por mucho tiempo que el jazz era homofóbico, pero no fue así, el jazz puro y “negro” realmente también sirvió de closet a muchos artistas negros; el jazz, como el blues y otros cantos y formas de música que se derivaron del jazz o que fueron columna y base para el mismo jazz son el producto del dolor de los oprimidos, de los hombres y mujeres de color que vieron en esta forma de arte la única manera de canalizar, expiar, catalizar sus sentimientos, sus dolores, sus angustias pero también las pocas alegrías y esperanzas... los homosexuales y lesbianas que vivieron oprimidos no escaparon de  hacer el jazz su cortina para esconderse sino también su mantel para bordar las notas tristes y alegres de su opresión sexual.

El movimiento de los New Negroes - como ellos mismos se llamaban - creó un nuevo tipo de arte y fue Harlem la capital de toda cultura generada por el New Black; Harlem así se convirtió en el centro mundial para el jazz, la literatura y las bellas artes hechos por los afroamericanos. Muchos músicos negros, escritores y artistas se sintieron atraídos por el vibrante barrio. Duke Ellington, Fletcher Henderson, Fats Waller, Cab Calloway, Bessie Smith, y Ethel Waters se presentaron y fueron asiduos visitantes de los clubes nocturnos de Harlem. Langston Hughes, Zora Hurston y Countee Cullen escritores asistían a las farras nocturnas de aquellos bares y así lo publicaron en los periódicos locales. Las galerías de arte mostraron las obras de Aaron Douglas y Richmond Barthé. Estos talentos creativos incorporan el negro con conciencia social urbano emergente en su arte.

La explosión de la creatividad afroamericana tímidamente se abrió paso y se ganó el nombre de “Renacimiento de Harlem”, la cual tuvo un profundo impacto en el posterior desarrollo de las artes de América. Las actitudes sociales y sexuales de los nuevos inmigrantes de Harlem se reflejan mejor en los “blues”,  que hablaron de la soledad, la nostalgia y la pobreza, del amor y de la buena suerte, y proporcionaron una ventana a la difícil y a menudo brutal mundo del “New Black” y la homosexualidad era claramente parte de ese mundo

“Hay dos cosas que me tienen confundida, hay dos cosas que no entiendo” cantaba  la gran Bessie Smith, “Esta es una mujer hombruna”. En Sissy Blues, Ma Rainey se quejó de la infidelidad de su marido con un homosexual llamado Miss Kate. Lucille Bogan, en su BD Women Blues, nos cantó sobre las “BD” o bulldagger, mujeres hombrunas o marimachas. Boy in the Boat , por ejemplo, grabada en 1930 por George Hanna, aconsejó: “cuando usted ve a dos mujeres caminando de la mano, sólo agite la cabeza y trate de entender”. De hecho, la indiferencia hacia la sexualidad, tan común en el blues, a veces se extiende a la conducta homosexual. En Sissy Man Blues, una melodía tradicional grabada por numerosos cantantes de blues  masculinos, el cantante exigía “si no me pueden traer a una mujer, tráeme un hombre afeminado”

En Freakish Blues, de George Hanna grabado en 1931, es aún más explícito sobre la fluidez del  potencial sexual y erótico de esta nueva manera del cantarle al “amor distinto”. Muchas canciones  reflejaron la cultura gay, y tanto estas canciones como esa vida que era cantada fue aceptada, es decir también el comportamiento y la identidad homosexual, fue aceptada como una parte natural de la vida. Pero no todo fue color de rosa, jazz alegres y marcha. Los problemas económicos, el desempleo y la segregación plagó las comunidades negras de todo el Norte. Además homosexuales negros, al igual que sus homólogos blancos, estaban siempre bajo el ataque de los sistemas policiales y judiciales. En 1920, la joven lesbiana Mabel Hampton, recién llegada a Harlem de Winston-Salem, Carolina del Norte, fue arrestada por cargos de prostitución, por supuesto inventados y pasó dos años en Bedford Hills un cruel reformatorio. Augusto Granville Dill, editor, y protegido personal de DuBois, fue arrestado por solicitar sexo en un baño público. Los gais negros también fueron atacados por las instituciones psiquiátricas en desarrollo; existen casos documentados de hombres negros gais encerrados en la década de los 20 en hospitales como el Massachusetts Hospital  of Worcester, donde eran sometidos a experimentos médicos.

Félix Esteves (Caracas)
Los Mínimos y Máximos es su blog personal. Una casa, un hogar, construido con amor, esfuerzo, dedicación y hasta con aburrimiento. Tiene muchas puertas donde todos pueden entrar. Tiene muchas habitaciones, donde de seguro en algunas podrás sentirte cómodo, y en otras, tal vez contrariado y hasta… por qué no… molesto. Sin embargo su propósito no es agradar ni molestar, no es ganar amigos ni enemigos… de todas maneras ambos son bienvenidos; su fin es mostrar y demostrar lo variopinto de una mirada, la pluralidad de una cosmogonía a través de mi “micromundo”, de lo exterior visto y sentido desde mi interioridad… Es un grito contra la discriminación, es un arrullo de amor a la diversidad, es mi tarjeta de presentación como ser humano, como hombre, como gay y miembro de la comunidad LGBT... tal vez es algo más… no lo sé… aún lo estoy averiguando.