El movimiento bisexual.Carlos Iván García Suárez

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El movimiento bisexual contemporáneo surgió en los Estados Unidos a comienzos de la década de 1970, aunque ya desde el inicio del siglo XX habían existido grupos con tal vivencia, como la comunidad Bloomsbury de artistas y escritores.

Estos grupos orientaban su lucha hacia la liberación sexual y sus miembros estaban asociados, con mayor frecuencia, a comunidades heterosexuales en lugar que a las gais o lesbianas. Muchos bisexuales también fueron asociados con el movimiento homosexual temprano, que reclamaba la libertad sexual y el potencial de las personas para relacionarse sexualmente con ambos géneros. Conforme los activistas gais comenzaron a adoptar un modelo de identidad sexual “étnica”, con un carácter disyuntivo y excluyente, los bisexuales empezaron a enfrentar la exclusión por partes del movimiento gay y algunos decidieron crear comunidades y organizaciones específicamente bisexuales.

La “Declaración de Itaca sobre la bisexualidad”, escrita por el Comité Cuáquero de Amigos de la Bisexualidad, apareció en la revista The Advocate en 1972, anunciando una nueva conciencia bisexual a los lectores gay. Esta conciencia estaba influenciada por el paso de un activismo social hacia posiciones más personales, motivado por el final de la guerra de Vietnam, el incremento de la visibilidad gay, los movimientos feministas, por los derechos civiles y por un énfasis cultural en la ruptura de paradigmas y el autodescubrimiento (a menudo con la ayuda de psicotrópicos). Nació una era “chic” bisexual con un alud de artículos de prensa acerca de la bisexualidad, que implicó una intensa aparición de estrellas del rock y artistas como bisexuales. Los medios dirigieron su atención a la escena artística y a las celebridades más que a una política de liberación bisexual.

Los primeros grupos bisexuales surgieron en la década de 1970 en numerosas ciudades estadounidenses. El Grupo Nacional de Liberación Bisexual se fundó en Nueva York en 1972, vinculó numerosos miembros en el país y en el extranjero hacia 1975; y publicó The Bisexual Expression, probablemente el primer periódico dirigido a personas bisexuales.

Aparecieron asociaciones diversas en numerosas ciudades y al final de la década, se formaron grupos bisexuales en Europa incluyendo el London Bisexual Group en Inglaterra, el Edinburgh Bisexual Group en Escocia y el Landelijk Netwerk Bisexualiteit en los Países Bajos. A lo largo de este período, los bisexuales continuaron aportando activamente a los grupos y eventos gais y lésbicos.

Mientras las organizaciones de la década de 1970 fueron predominantemente masculinas, en la de 1980 fueron fundadas y lideradas por mujeres. Las mujeres bisexuales empezaron a experimentar formas de alienación por parte de las comunidades lesbianas ya que el separatismo y la polarización en torno a la orientación sexual se incrementó a finales de los años 1970. Para muchas mujeres, la bisexualidad era una parte integral de su política feminista y deseaban que sus grupos reflejaran dicho énfasis. La Red de Mujeres Bisexuales de Boston (fundada en 1983) y la Red de Mujeres Bisexuales de Seattle (en 1986) estaban basadas en tales principios.

En la década de 1980 fue constante la formación de grupos bisexuales en diversas ciudades y regiones de los Estados Unidos, al igual que grupos en Nueva Zelanda, Alemania, Finlandia y Australia. Se formaron también los primeros grupos dedicados específicamente al activismo político bisexual como San Francisco’s BiPol (1983), Boston’s BiCEP (1988) y New York City’s BiPAC.

El SIDA tuvo un profundo efecto en el movimiento bisexual. Los hombres bisexuales fueron estigmatizados como propagadores del VIH en la cadena de transmisión homosexual-heterosexual y pronto se culpó también a las mujeres bisexuales de propagar la infección entre las lesbianas. Surgió una intensa polémica alrededor de la distinción entre conducta sexual e identidad sexual y eso llevó al reconocimiento de que muchas mujeres que se identificaban a sí mismas como bisexuales no tenían sexo con hombres, mientras muchas mujeres autoidentificadas como lesbianas sí lo tenían. Funcionarios de salud pública y activistas comenzaron igualmente a señalar las prácticas no protegidas, y no la identidad sexual, como factores de riesgo de infección por VIH. Muchos líderes del movimiento bisexual enfermaron o murieron, y muchos otros enfocaron su atención hacia el activismo y el trabajo social relacionado con el SIDA.

En 1987, setenta y cinco personas respondieron al llamado por una participación bisexual en la Marcha sobre Washington por los Derechos Gais y Lésbicos, en lo que se puede considerar la primera asamblea bisexual en Estados Unidos. Con ello, empezó a discutirse la creación de una organización nacional o continental de bisexuales, lo que dio origen a la Red Bisexual Norteamericana en Formación (North American Bisexual Network in Formation, NABN), que tras varios nombres y discusiones se convirtió en 1991 en la Red Bisexual de Estados Unidos, BiNet (Bisexual Network of the USA). En octubre de 1991 se realizó la Primera Conferencia Internacional de Bisexualidad en Amsterdam, con la asistencia de bisexuales de varios países. Desde entonces, fueron llevados a cabo numerosos encuentros internacionales en los Estados Unidos, Europa y Australia, dentro de los cuales, hay que destacar la Primera Conferencia de la Fundación Europea de Bisexuales, realizada en Rotterdam, en la perspectiva de la creación de una red continental que respondiera a los retos de la expansión de la Unión Europea. El evento se denominó «Preferencias iguales, diferentes estilos de vida», para señalar las diversas formas que los y las bisexuales tienen para vivenciar y expresar sus preferencias sexuales.

Más allá de los encuentros en diversas partes del mundo, es interesante aludir al proceso que ha llevado a legitimar cada vez más la presencia de bisexuales dentro de los grupos organizados que reclaman autonomía y libertad en la sexualidad. No sólo se ha extendido cada vez más la sigla GLBT para aludir a gais, lesbianas, bisexuales y transgeneristas, a menudo conformados como un movimiento de confluencias de intereses, aunque con vivencias particulares, sino que los bisexuales fueron un puntal importante en la conformación de Queer Nation en 1990 por parte de jóvenes activistas. Con su énfasis en la diversidad, la política radical y la acción directa, este movimiento representó una oportunidad para personas que se desilusionaron por la cooptación y la falta de compromiso político de las organizaciones gay y bisexuales existentes. Sectores de dicho movimiento enfatizan la inclusión de bisexuales, transgeneristas y otras minorías sexuales bajo la sombrilla queer, mientras otros sectores acogen menos a aquellos que no son exclusivamente homosexuales.

El panorama del cambio de siglo registra la explosión del fenómeno multicultural (quizás podría decirse multisexual y multigenerizado) dentro del movimiento: se han redoblado los esfuerzos de visibilización de los negros, y los transgeneristas se han hecho mucho más activos dentro de las comunidades bisexuales, pues a menudo permanecen escondidos y excluidos dentro de los grupos de un sólo sexo. Sus preocupaciones están recibiendo hoy una atención mayor y muchos bisexuales transgeneristas y no transgeneristas enfocan su atención a romper las categorías polares del género.

En general, podría afirmarse que subsiste una tensión en el movimiento entre el deseo de proclamar con orgullo una identidad bisexual, construir comunidades bisexuales fuertes y la intención de menoscabar el énfasis de la división social en etiquetas y categorías. Algunos activistas bisexuales apuestan a una ruptura categorial insistiendo en que la sexualidad y el género pueden ser vistos como un espectro, que no conlleva un “nosotros” y un “ellos”. Otros activistas resaltan la necesidad de luchar contra la homofobia en la sociedad, así como contra la bifobia entre gais y lesbianas.

Colombia y el proceso de Paz
En Colombia no se puede hablar de un movimiento bisexual, lo que se registra, más bien, son esbozos de reivindicación de dicha orientación. Se puede situar en Bogotá el proceso de legitimación dentro del grupo Triángulo Negro, creado originalmente como un grupo lesbiano en 1996, que hoy se presenta como de mujeres lesbianas y bisexuales, así como el surgimiento ese año del grupo Mujeres al Borde, con el mismo doble carácter.

Para el caso de los hombres, la visibilidad de la bisexualidad se ha dado por cuenta de los medios de comunicación. Con frecuencia, los hombres bisexuales han sido señalados como actores de una “doble vida” o como transmisores del VIH, sin que alguno haya salido a la palestra pública para reivindicar ora la práctica, ora la identidad bisexual. No obstante, en los últimos años ha sido muy interesante el proceso vivido dentro de Planeta Paz, proyecto que pretende visibilizar actores sociales tradicionalmente excluidos en la elaboración de una salida negociada al conflicto armado y, en general, en la construcción de país. Dicho proyecto incluyó a los colectivos de gais y lesbianas, como uno de los catorce sectores participantes dentro de los que se cuenta mujeres, jóvenes, campesinos, indígenas, negros, ambientalistas, sindicalistas, artistas, entre otros. La dinámica interna de los hombres y de las mujeres que respondieron al llamado, devino en la inclusión de transgeneristas y bisexuales.

Aunque la participación de los y las bisexuales ha sido minoritaria, existen varios asuntos a resaltar: primero, la propia inclusión de bisexuales; segundo, el hecho de estar ligados a un proyecto que no apuesta a una dinámica de gueto, sino que está interesado en trabajar mancomunadamente por el país, no sólo con los grupos que confluyen en el sector sino con otros sectores sociales; y, tercero, un cuestionamiento latente al modelo esencialista de la sexualidad y del género, que se reconoce en el hecho de que “personas” aparece como sustantivo y “bisexuales”, al igual que “gais”, “lesbianas” y “transgeneristas”, como adjetivos, lo que implica el principio de reconocimiento del dinamismo y de la fluidez en los procesos de subjetivación, quizás nunca constituidos y siempre constituyentes.

El germen del antibinarismo
Vemos como los movimientos bisexuales en los ámbitos internacional y nacional han aludido en varias ocasiones a una paradoja: en el intento por escapar de las etiquetas binarias, los y las bisexuales han terminado aferrándose a la bisexualidad, que al expresar la idea de la combinación de las dos orientaciones sexuales admitidas, no ha podido escapar de ese mismo binarismo. Sería más interesante explorar una concepción alternativa de la bisexualidad, como la que plantea Marjorie Garber en su obra Vice Versa. Ella sospecha que la bisexualidad no es en realidad una orientación sexual más, es, por el contrario, una sexualidad que deshace la orientación sexual como categoría, una sexualidad que amenaza y cuestiona el fácil binomio de hétero y homo, e incluso, por sus significados biológicos y psicológicos, las categorías de género masculino y femenino. En sus palabras, en lugar de designar a una minoría invisibilizada, a la que aún no se le ha prestado suficiente atención y que ahora está encontrando su lugar bajo el sol, la bisexualidad como las mismas personas bisexuales, resulta ser algo que está en todas partes y en ninguna. En síntesis, no hay una verdad acerca de ella. La pregunta de si alguien fue ‘en realidad gay’ o en ‘realidad hétero’ tergiversa la naturaleza de la sexualidad, que es fluida y no fija, una natatoria que cambia con el tiempo en lugar de una identidad estable, aunque compleja. El descubrimiento erótico que aporta la bisexualidad es la revelación de la sexualidad como un proceso de crecimiento, transformación y sorpresa, no un estado del ser estable y plausible de ser conocido.

Annamarie Jagose (Queer Theory. An introduction. New York University Press, Nueva York, 1996) ha ido más allá al proclamar la bisexualidad como un punto de avance ético, político y del conocimiento desde el cual podemos deconstruir los marcos bipolares del género y la sexualidad. Si el sujeto es diferente dentro de sí mismo, la bisexualidad no se construye en relación con la otredad exterior, sino con la propia diferencia; así, la bisexualidad representa la posibilidad de problematizar y minar el sistema dicotómico total.

Esa perspectiva parece más potente para interpretar a la bisexualidad por ser aquello que no se acomoda, aquello que se plantea como arena movediza y no como los dos bloques de hormigón de las concepciones sexuales tradicionales. Empresa que no es fácil, porque implica traicionar a Aristóteles y los fundamentos mismos de la cultura de Occidente, atreverse a pensar desde otras lógicas. En esa misma vía han dicho Deleuze y Guattari (Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. Valencia, 1994, pág.138), en su tratado de antibinarismo fundamental “[...] la sexualidad se explica mal por la organización binaria de los sexos, y no se explica mejor por una organización bisexuada de cada uno de ellos. La sexualidad pone en juego devenires conjugados demasiado diversos que son como N sexos, toda una máquina de guerra por la que el amor pasa […] La sexualidad es una producción de mil sexos, que son otros tantos devenires incontrolables”.

Carlos Iván García Suárez
Investigador independiente y periodista colombiano, licenciado en Filología e Idiomas, especialista en Comunicación y Educación, y doctor en Ciencias Sociales Niñez y Juventud. Es cofundador y miembro, desde 1996, del Colectivo Hombres y Masculinidades.  Entre sus obras al respecto del tema cabe destacar, “Bisexualidad: de la tercería a la ruptura de las dicotomías” en Colombia Universitas Humanistica  ISSN: 0120 4807  ed: Editorial Pontificia Universidad Javeriana v.XXIX fasc.53 p.123 - 131,2002. Y, junto con Javier Omar Ruiz Arroyave el libro Masculinidades, hombres y cambios. Manual conceptual. Editorial Diakonia, Bogotá 2010 ISBN: 978-958-99279-1-5