En busca de la cultura bisexual. Carlos Castaño Rodríguez

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Todos los conceptos pertenecientes a nuestra sociedad, de una u otra manera, aparecen representados en nuestra cultura. Las orientaciones sexuales no son una excepción. En la actualidad tenemos una amplia gama de propuestas culturales en los que los gais y, en menor grado, las lesbianas son protagonistas. A través de los años se han reivindicado unas identidades y unas formas de vida mediante estas manifestaciones culturales, que han conseguido que poco a poco el concepto “gay” y el concepto “lesbiana” hayan ido integrándose en nuestra cotidianidad.

Sin embargo, esto no ha sido así para las identidades bisexuales. ¿Por qué la bisexualidad está tan ausente en nuestra sociedad y en nuestra cultura? La respuesta a esto se encuentra en el monosexismo, una estructura social que todos tenemos más o menos interiorizada y que solo contempla que las personas puedan sentirse atraídas hacia un solo sexo o género. De ahí que cuando veamos una pareja de personas del mismo sexo automáticamente pensemos que son homosexuales y, por el contrario, si vemos una pareja de distinto sexo, que son heterosexuales.

Para que pueda darse una manifestación cultural de algo primero debe existir el concepto. No es necesario que especifiquemos aquí la definición de gay o lesbiana, pero ¿cuál es el significado de la palabra “bisexual”? Según la RAE hay dos acepciones del término:

1 Hermafrodita.
2 Dicho de una persona que mantiene relaciones tanto homosexuales como heterosexuales.

Dado que las entidades pertenecientes a FELGTB no estamos de acuerdo con esta definición utilizamos la siguiente definición de bisexualidad: “Definimos bisexualidad como la capacidad de sentir atracción romántica, afectiva y/o sexual por personas de más de un género/sexo no necesariamente al mismo tiempo, no necesariamente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado ni con la misma intensidad” (Robyn Ochs).

Con esta definición mostramos que la bisexualidad es algo más complejo que una mera mezcla de homo y heterosexualidad, y además desmontamos algunos de los mitos más extendidos sobre nuestra orientación: no, no tienen por qué atraernos 50% hombres y 50% mujeres, y no, no tiene porqué ocurrir a la vez. Cuando estamos con alguien de un sexo no tenemos por qué echar de menos algo de otro sexo. Además, no sólo podemos sentirnos atraídos hacia hombres y mujeres cisgénero, también hacia personas de sexo o género no binario, personas transexuales, intersexuales, etc. Esta definición de bisexualidad no se ha establecido hasta principios del siglo XXI y el hecho de no haber tenido una definición así de completa hasta esa fecha ha provocado que las personas bisexuales anteriores a esa época lo hayan tenido especialmente difícil para construir su propia identidad. El principal motivo fue la gran escasez de referentes que ha habido y cómo ellos en muchos casos se han identificado como heterosexuales u homosexuales.

Porque, ¿puede alguien que no se defina a sí mismo como bisexual ser un referente para las personas bisexuales? En algunos casos sí. A lo largo de la historia ha habido varias personas de importante calado cultural que nunca se identificaron como bisexuales, pero que encajaban en la definición actual. Por ejemplo, Freddie Mercury antes de empezar a salir con hombres tuvo una larga relación amorosa con Mary Austin que inspiró una de las baladas más célebres de Queen “Love of My Life”. Freddie, sin embargo, nunca se definió como bisexual sino como gay. Aun así, el caso de Freddie nos sirve como ejemplo de que existen personas que a lo largo de su vida pueden sentirse atraídas hacia personas de distinto sexo independientemente de su etiqueta. Otro ejemplo es el de David Bowie y Lou Reed. Se sabía que ambos tenían relaciones tanto con hombres como con mujeres, pero ellos negarían ser bisexuales. Es más, Bowie llegó a definirse como un “heterosexual en el armario”. Sin embargo, ambos son de los referentes bisexuales más conocidos, especialmente Bowie, que llegó a escribir algunas canciones que se han convertido en himnos a la bisexualidad como “John, I’m Only Dancing”.

Los referentes son importantes para que las personas que están descubriendo su orientación puedan reafirmarse en ella y todavía lo son más cuando son personas del ámbito cultural ya que sus creaciones sirven de antena amplificadora para transmitir el mensaje de “la bisexualidad existe”. Por eso, este año FELGTB ha premiado con la pluma a la visibilidad bisexual a la escritora Lucía Etxebarría, bisexual declarada, que a través de su literatura y de su propia figura ha contribuido a la visibilidad bisexual. En España hay más personas en la cultura que se han declarado bisexuales: Rafael Amargo, Dulceida, Nacho Vegas… Aun así, a nivel mediático se les siguen considerando homosexuales o heterosexuales.

Esta falta de referentes sumada al efecto del monosexismo hace que en nuestra sociedad haya una permanente falta de información sobre la bisexualidad. Esta ignorancia es la raíz de la bifobia, el conjunto de sentimientos y comportamientos negativos hacia las personas bisexuales. Además, la bifobia está presente en todos los niveles incluyendo los colectivos de personas LGT. De hecho, la cultura generada por nuestros compañeros gais y lesbianas en muchas ocasiones nos ha invisibilizado o ha reforzado los mitos sobre nuestra orientación, como es el caso de la serie lésbica The L Word. Por otro lado, la cultura heteropatriarcal ha inculcado en el imaginario colectivo de los hombres heterosexuales la imagen de la mujer bisexual como objeto de deseo ya que con ella se puede realizar el codiciado trío hombre-mujer-mujer tan extendido en la pornografía. Este hecho genera que muchas mujeres bisexuales al salir del armario se topen con propuestas de trío no deseadas, una de las formas de bifobia más comunes.

Un reciente estudio mostró que en EEUU la bisexualidad tiene más presencia en la televisión, pero está representada a tra­vés de personajes en los que no se puede confiar, con tendencia a la infidelidad, con carencia del sentido de la moralidad y con claras tendencias autodestructivas (1). Es­tos mitos junto con otras situaciones bi­fóbicas son grandes responsables de que la bisexualidad sea la orientación más es­tigmatizada de todas. Y este estigma pro­voca, entre otras cosas, que las personas bisexuales nos sintamos menos cómodas con nuestra propia orientación que gais o lesbianas (2) o que seamos menos propen­sas a salir del armario (3).

Por eso en este #2016bisexual desde FELGTB hemos propuesto la creación de las listas colaborativas #Bibook, #Bifilm y #Bi­game confeccionadas a través de las pro­puestas obtenidas a través de Twitter. Esta información será muy útil para reivindicar las creaciones artísticas (libros, películas, series de televisión, videojuegos) en las que las personas bisexuales puedan verse iden­tificadas y empoderadas; obras que sirvan para visibilizar y normalizar la diversidad bi­sexual y lograr una mayor integración de la B en la sociedad.

De esta manera, esperamos contribuir a la aparición de los referentes bisexuales más importantes: las personas de a pie.

Referencias:

1 GLAAD -Where we are on TV. Report 2015: http://www.glaad.org/whereweareontv15 

2 Adaptation to Sexual Orientation Stigma: A Comparison of Bisexual and Lesbian/Gay Adults. Washington University (2007)

3 “Open University Bisexual Report”. MegBarker, Rebecca Jones, Chistina Richards, Helen Bowes-Catton and others.

 Carlos Castaño Rodríguez

Activista bisexual. Miembro del grupo de trabajo del Año de la Visibilidad Bisexual en la Diversidad y coordinador del grupo de bisexuales de COGAM (Madrid). Soy estudiante de doctorado del CSIC en el campo de la biología molecular. En los ratos li­bres que todavía me quedan soy teclista en Me Quito el Cráneo y bloguero en Alquimia Sonora.

Twitter: @carlcr_