PRENTSA ALDIZKARIA - REVISTA DE PRENSA Ser bisexual - estar bisexual (por una fenomenologÌa de le otre) Miguel

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Hace unos años me encontré en una librería un libro que me llamó mucho la atención por su título: identidades asesinas de Amin Maalouf. Si bien cuando lo empecé a hojear me di cuenta de que el libro trataba de otra cosa de la que me esperaba, la primera impresión que recibí al leer el título se me quedó grabada en la mente, el estómago y el corazón. “Identidades asesinas” eso era lo que me estaba pasando a mí exactamente, y súbitamente un sudor frío se apoderó de mi piel.


En esa época me identificaba como homosexual no tanto porque yo me creyera el cuento de caperucita de que fuese homosexual sino más bien de cara al público como manera de expresar mi situación de una manera clara y concisa: estaba en una relación con otro hombre. El leer el título de Amin Maalouf fue para mí como una especie de claro de bosque zambriano; es decir, ese momento en el que de repente todo cobra un inefable sentido y la existencia se ve avivada a través de un encuentro que no viene precedido por una búsqueda.

Y es que la identidad homosexual me estaba asesinando. Me estaba asesinando al enajenarme de mí mismo, al alienarme del mundo, al reducir mi yo a algo que ni sentía ni creía, al hacerme vivir según las expectativas de otras personas negligiendo mis propias necesidades y así a través de un efecto bola de nieve, la identidad homosexual me estaba transportando a un absurdo, a un absurdo que en sus momentos más totalizadores y en sus trechos más largos y sombríos devenía en nihilismo, en un profundo vacío existencial.

Ser y existir son dos conceptos diferentes. Se puede ser sin existir y se puede existir sin ser. Don Quijote existe pero no es mientras que muchxs seres vivientes somos sin existir. En otras palabras, se puede tener una existencia auténtica o una existencia inauténtica. La autenticidad, existencialmente hablando, hace referencia al grado en el que se es fiel a la propia personalidad, espíritu o carácter, pese a las presiones externas. La autenticidad es también condición necesaria para tener un proyecto de vida feliz y sostenible. El monosexismo que yo vivía me hacía tener una existencia inauténtica y fútil.

Muchas personas bisexuales experimentan lo que se llama “doble conciencia”, es decir el por un lado ser conscientes de cómo nosotras nos identificamos y por otro cómo la sociedad monosexista nos lee. Gestionar el cómo nos identificamos y el cómo somos leidas es un proceso por el cual tiene que pasar de por vida toda persona perteneciente a un grupo minorizado. Cuando una persona bisexual sufre aislamiento de la comunidad y se ve embadurnada en arenas movedizas monosexistas esta persona está en una situación de peligro real.

El conocer la palabra “bisexualidad” abrió un abanico de posibilidades para mí, entre otras cosas porque yo no conocía a nadie que se identificase como tal, lo cual me permitió identificarme con el término según mis propias necesidades y premisas. La bisexualidad era, en esos momentos, un concepto vacío. El identificarme como bisexual fue una manera de escaparme del binarismo monosexista, de abrazar una línea de fuga y, a través de ella, de volver a respirar a través de un ejercicio de introspección cartesiana. Volví a estar en armonía conmigo mismo, empecé a tener sentimiento de libertad.

El monosexismo está basado en una lógica que sólo reconoce dos valores de verdad: A y B. Tanto A como B corresponden a dos conjuntos uniformes, antagónicos, jerárquicamente estructurados e interdependientes, sin el uno no existe el otro. El monosexismo es un sistema que intenta abarcar holísticamente la realidad y con ella la plenitud de la existencia, el conocimiento, la belleza o la ética que han de ser explicadas según sus prerrogativas. En este tipo de lógica binaria, sobre la cual está basada el monosexismo, no hay cabida a un tercer conjunto. A lo sumo puede haber una intersección entre el conjunto A y el B. La bisexualidad, desde esta óptica, es una intersección.

Sin embargo, este tipo de lógica suele caer en la falacia del “tercero excluido” cuando en realidad hay más de dos valores de verdad. El café puede estar caliente o frío pero también templado. ¿ Es templado un estado menos verdadero o menos legítimo que frío o caliente? El sistema monosexista establece las categorías fundamentales de nuestro pensamiento a través de las cuales inteligimos y estructuramos el mundo. Estas categorías son condiciones que el entendimiento requiere para reconocer, diferenciar y clasificar el mundo. Por ello, al igual que es imposible percibir a través de nuestros sentidos un hipercubo de cuatro dimensiones en nuestro espacio tridimensional es también imposible para una mente monosexista percibir la bisexualidad. La bisexualidad se vuelve, en consecuencia, en concepto transcendente, en una utopía o en una amenaza del orden establecido al romper la dialéctica binaria normal-anormal para constituirse como concepto para-normal, paralelo y ajeno a este mundo.

Por eso, la lógica monosexista conlleva la erradicación existencial de las personas bisexuales, no existimos como conjunto y cuando somos una intersección somos una intersección rara, confusa, un sucedáneo, una mentira, una traición, un proceso o incluso una invasión, intrusión, deslealtad y contaminación de un conjunto en otro, de un régimen de verdad en otro.

En principio, la herramienta de la bisibilización usada por activistas bisexuales es buena para luchar contra la erradicación existencial monosexista, para establecer sinergias y solidaridad entre activistas bis y para construir comunidad. Sin embargo, es importante plantearse los pros y los contras de toda estrategia política, también dentro del movimiento bisexual. Por ejemplo, ¿bajo qué circunstancias es conveniente bisibilizarse?

Una persona bisexual que quiere pedir asilo político por orientación sexual no debería bisibilizarse como bisexual si quiere acceder al asilo. Una mujer bisexual en una fiesta con machirulos sexistas no debería bisibilizarse como bisexual si quiere evitar acoso sexual por hipersexualización. Un hombre bisexual que quiere contacto íntimo con otros hombres, mujeres o personas de otros sexos no debería, en determinadas ocasiones, bisibilizarse como bisexual si quiere llegar a tener dicho contacto, véase grindr, blendr, tindr etc. Una persona transexual bisexual no debería decir que es bisexual en determinados contextos cuando las autoridades le preguntan por su orientación sexual ya que el no ser heterosexual puede bajar las posibilidades por las que esta persona pueda tener acceso a cambiar el sexo y el nombre de su tarjeta de identificación personal (por ejemplo en Dinamarca). Una persona de género queer bisexual no debería decir que es bisexual en determinadas situaciones donde su orientación sexual sea leída como binaria y se le imponga colectivamente, una vez más, violencia sexo-genérica junto a la heterodesignación interseccional de etiquetas invasivas. Una persona bisexual con pocos recursos y con un contrato precario no debería decir que es bisexual si ello implica que pueda ser despedida de su lugar de trabajo sin ningún amparo, y la lista podría continuar. Estos ejemplos ni son absolutos ni agotan las posibilidades de escenarios y tienen todos ellos tanto una base estructural como circunstancial. Tampoco quiero decir que las situaciones anteriores sean justas o moralmente justificables o que no haya que plantearles una respuesta contundente; lo que quiero decir es que cada unx de nosotrxs tendrá que tener en cuenta donde se bisibiliza y porqué ya que en un mundo estructurado y dominado por el monosexismo la posibilidad de sufrir violencia como persona no-monosexual es bastante alta en determinadas ocasiones. La bisibilidad no es siempre un acto seguro para nuestra integridad personal; muchas veces el que una persona bisexual pueda bisibilizarse no depende tanto del heroísmo o coraje propios de la persona sino de los privilegios que esta persona tenga. Por regla general cuantos más privilegios se tengan más fácil será bisibilizarse y cuantos menos privilegios se tengan más difícil será bisibilizarse, aunque también habrá que añadir otras variables para no reducirlo todo, una vez más, a una lógica simplista. En todo caso, creo que es preciso entender el monosexismo interseccionalmente en relación con otras estructuras de poder para así poder desarrollar estrategias políticas adecuadas que tengan en cuenta la complejidad de los mecanismos y dispositivos de poder y los procesos por los cuales se retroalimentan.

Otro problema que veo dentro del activismo bisexual no es tanto quién se bisibiliza o en base a qué privilegios se bisibiliza sino el porqué se bisibiliza. Hoy en día, es mi parecer, que el activismo bisexual está fuertemente empañado por una agenda identitaria en la cual la identidad bi se reivindica con orgullo y fuerza sin mucha más reflexión. Según mi experiencia, esto no fue el caso hace unos años, donde sentí una mayor prespectiva crítica y un mayor diálogo multipolar por parte de diverses activistas gracias, entre otros motivos, al tipo de espacios facilitados por las personas que, entonces, tomaron responsabilidad para crearlos; aquí estoy hablando de mi realidad cercana. Si bien entiendo y muestro mi solidaridad ante los actos recientes del 23 de Septiembre por la bisibilidad bisexual siento que la identidad bisexual se está volviendo una identidad asesina para mí. La animadversión que sentí en su día hacia la etiqueta homosexual es la que empiezo a sentir últimamente hacia la etiqueta bisexual.

En vez de ser una identidad usada para aproximarnos y entender la realidad como fue hace unos años hoy en día, por diferentes motivos, se ha convertido en la realidad misma. Una realidad que llevamos con nosotrxs de una manera innata y esencial y que hay que bisibilizar, como una especie de noúmeno kantiano. Por ello gran parte del activismo bisexual hoy en día combina la falta de espíritu crítico frente a determinados presupuestos en los cuales está basado el mismo y los cuales devienen en dogma con objetivos netamente prácticos que puedan ser visualizados, medidos y registrados.

Para mi la bisexualidad reflexionándolo bien y siendo fiel a mis sentimientos no tiene nada que ver con algo innato o algo que yo “soy”. ¿ Por qué tiene que ser la verdad última algo siempre estático y no algo en movimiento o en perpetuo cambio? Lo que para mi cobra sentido realmente es el “estar bisexual”, el estar con amantes, el estar con personas que quiero, el estar cuestionando normas, el estar aquí y ahora, ese estar que considero principio ontológico de mi existencia al contrario de ese ser que es inmóvil, absolutista, axiomático, monológico y totalizador. No quiero ser bisexual según una agenda apalabrada y acordada y que considero ajena a mis necesidades principales, quiero estar bisexual para poder habitar este mundo.

El problema que veo unido al activismo bisexual desde esta perspectiva que planteo es que no llega del todo a cuadrar. Desde una aproximación diacrónica podemos ver que las reivindicaciones de derechos hechas hoy en día tienen su origen en la revolución francesa y concretamente en la declaración de “los derechos del hombre y del ciudadano” - que ya en su día fue contestada por figuras como Olympe de Gouges. Estos derechos están planteados desde una perspectiva individualista donde cada sujeto es portador de ciertos derechos inalienables por contrato social o por nacimiento.

¿Pero qué pasa cuando el ser de ese individuo se desvanece? ¿ Cómo podemos hablar de esos derechos desde una perspectiva del estar? Entonces las estrategias a través de las cuales coordinamos nuestro activismo han de cambiar y necesitamos mirar a nuevos modelos normativos que les otorguen sentido y legitimidad. Por ejemplo, Karen Barad ha roto de una manera muy elocuente el binarismo existencia-conocimiento. Según Barad, somos lo que conocemos y conocemos según lo que somos, lo cual tiene mucho sentido a la hora de entender cómo el monosexismo funciona desde su lógica propia. Por otro lado si miramos a Emmanuel Lévinas, él reivindicó la figura del otro, del otro cuando está en conexión con el yo, del yo que se siente reflejado en el otro, del yo que se entiende a través del otro.

Cuando el “otro” no es entendido de una manera individualista y atomizable cuando lo que se reivindica es el estar juntes y no el ser A o B, entonces se pueden abrir puertas a la solidaridad, al entendimiento y al respeto colectivo. Propuestas como las de Barad o Levinas rompen con el paradigma ético-político que prevalece y nos ayudan a ver nuestro yo de una manera más intersubjetiva, empática y relacional para superar el aislamiento existencial. Pero para ello creo que la comunidad bisexual ha de replantearse algunas verdades asumidas y emprender un proceso propio de deconstrucción ya que la lógica que alimenta al monosexismo está también, de cierta manera, en nuestras filas.

Por ejemplo, la bandera bisexual diseñada por Michael Page en 1998 es, desde mi punto de vista, una bandera binaria cuyo diseño estuvo basada en los triángulos superpuestos que activistas bisexuales usaban con anterioridad.

Los colores lavanda, magenta y azul de la bandera bisexual han sido interpretados de diferentes maneras sin que Michael Page se haya pronunciado mucho al respecto. Mi interpretación es que Michael Page partía de una norma patriarcal en la que lo azul representaba la atracción hacia el “mismo género” ( él mismo siendo un varón cis), lo magenta hacia “el sexo opuesto” y el lavanda a la intersección de ambos deseos. Por eso a las personas bis nos suele gustar más el lavanda y es el color con el que nos solemos bisibilizar. El tipo de lógica usado por Michael Page para diseñar la bandera bi responde al mismo tipo de lógica binaria sobre la cual el monosexismo está basado: dos conjuntos y una intersección. De igual manera que la oposición monosexual versus bisexual responde, una vez más, al mismo tipo de lógica binaria. Dentro de este sistema no hay cabida, por ejemplo, a más orientaciones sexuales que a dos, por lo cual las personas pansexuales necesariamente han de ser bisexuales si no son monosexuales.

Otro tema es el 23 de septiembre, día internacional de la bisibilidad bisexual, donde se celebra la bisibilidad bisexual porque es cuando nació Freud que fue la primera persona que habló sobre bisexualidad, propiamente dicho. Pero ¿es que se puede hablar de bisexualidad antes de que el discurso clínico empezase a patologizar a las personas bisexuales y heterodesignarlas como tales? Para Freud la bisexualidad era una orientación sexual que carecía de un desarrollo completo siendo un puente hacia la heterosexualidad ( desarrollo sano) o la homosexualidad ( desarrollo insalubre). Antes de Freud hubo personas como Kraft Eibing que hablaron del hermafroditismo psíquico refiriéndose a lo que hoy entendemos por bisexualidad, ¿también habría que celebrar su nacimiento?

Con esto no quiero decir que las personas bisexuales hayan resignificado hábilmente los símbolos, los términos y las fechas con los cuales se identifican y que no es más, que una estrategia del monosexismo, el insistir que la bisexualidad en sí es binaria y que las personas bis no existen.

Con este texto no quiero tampoco imponer mi interpretación sobre que es la bisexualidad ni desligitimar un movimiento político que tiene su propia raison d’être, sino que deseo poner en perspectiva e ilustrar que las estructuras de poder como el sexismo, el monosexismo, el racismo y tantas otras nos preceden y forman una madeja abstracta a través de la cual, inconscientemente, damos sentido y significado al mundo y no lo contrario. Por ello es necesario un activismo crítico. Somos seres-en-el-mundo y no por ser bisexuales quiere decir que nos zafemos como por arte de birlibirloque del monosexismo, al igual que el monosexismo no es intencionado en la mayoría de los casos sino que es relacional, simbólico e intangible desde un punto de vista cuantitativo; aquellas personas que ejercen opresión monosexista en muchos de los casos no saben que la están ejerciendo lo cual, aunque tampoco excusa sus actos, sí nos que puede hacer pensar posibles respuestas ante situaciones de violencia específicas.

Pienso que la comunidad bisexual a través de un estamos y teniendo en cuenta la realidad propia y conjunta de todes nosotres no de una manera apriorística como una esencia que nos precede identitariamente sino como una realidad construida, plural y en continuo cambio orgánico en su dialéctica propia con el monosexismo y otras estructuras de poder, podemos coordinar estrategias útiles y eficaces contra el mismo. Pero es importante el pensarse qué tipo de estrategias y su porqué ético-político así como sobre qué premisas están basadas de tal manera que repercutan en la felicidad y emancipación de las personas y no en un nuevo sistema asfixiante y totalizador que reafirme otras estructuras de poder y que, en última instancia, se vuelva en una nueva identidad asesina.

Miguel
Activista bisexual, sociólogo, oriundo de Madrid, residente en Copenhague y con una tendencia a entender la diversidad afectivo-sexual desde una perspectiva queer. Aconsejamos también la lectura de su último escrito en el Blog que mantiene titulada No soy bisexual. http://articulosbisexualidad.blogspot.dk